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II Época / Nº48
Junio
2011
OPINION / TRIBUNA LIBRE

Grafiteros, ¿vándalos, artistas o gamberros?

Por Diego Gutiérrez Castañeda, estudiante de ESO del colegio Nuestra Señora de La Paz.

"Los ayuntamientos pagan al año 240.000 euros por limpiar las calles. Pintar grafiti es ilegal en muchos lugares, ponen multas e incluso penas de cárcel, especialmente en las ciudades en las que no está considerado como arte, sino como un problema. Una muestra de estas contradicciones la tenemos con los gobernantes de Torrelavega.

Un joven pinta un grafiti en una pared.

Hace poco un joven de Santander, como premio de un concurso, realizó un grafiti en la fachada principal de la Sede del Consejo de la Juventud de Torrelavega y en la actualidad se empeñan en borrar todas las pintadas hechas ¿Hay un grafiti legal (arte) y uno ilegal (vandalismo)? Tal vez la diferencia esté en el uso que se dé.

Para una mayoría de ciudadanos los grafitis son pintadas en casas, portones, monumentos, postes, escuelas, mercados hechas en una propiedad sin el permiso de su dueño. Son borrones ilegibles y sin significado. Es un delito, una falta de respeto. Son degenerados, enemigos del orden y de la limpieza. Son una plaga. Vándalos. Pero también hay "una minoría" que piensa que es una expresión de libertad, una forma de salir del anonimato de la masa, de dejar constancia de nuestro paso por el planeta, de búsqueda de conocimiento, de apoderarse de un entorno que ha sido robado por la publicidad, las grandes marcas y el mobiliario urbano.

¿Pero que es en realidad el grafiti? Es arte plástico, urbano y juvenil, vinculado a la subcultura hip hop y a la música rap. Son dibujos, imágenes, palabras, diseños… generalmente en muros u otras superficies, mediante spray u otras técnicas. Este tipo de "muralismo moderno" nace en los años 60 en Nueva York con un carácter reivindicativo y ligado a los jóvenes de las comunidades afroamericanas y latinas. En España aparece con un estilo propio y peculiar ligado a la movida madrileña de los 80 (estilo flechero). Posteriormente, se extendieron los estilos de grafiti más similares al resto de Europa. Tal vez, los orígenes no ayudaron a dar una buena imagen: fue creado por una generación que no creía dócilmente en los políticos, en los militares y demás criaturas de la institución social. Fue un arma privilegiada de combate de lo nuevo contra lo viejo. Lo que había que decir necesitó de una nueva manera de decirlo. Lo innombrable, lo que sólo circula como rumor, es allí denunciado, escrito a vista de todos.

Una señora camina por una calle "adornada" con grafitis.

Aunque la costumbre de pintar sobre paredes, muros o edificios no es nueva. Ya en arqueología se utiliza el término "grafito" para referirse a inscripciones realizadas sobre muros o letreros arañados sobre cerámicas y en edificios romanos se han encontrado inscripciones con insultos, declaraciones de amor, etc. (Más de 20.000 grafitis se han encontrado en Pompeya).
Los primeros artistas se dedicaban a firmar. TAKI 183 fue uno de ellos. Entrevistado por el 'New York Times' en 1971, afirmaba que ponía su firma en todos los sitios donde entregaba documentos y paquetes. Pronto, cientos de jóvenes en dicha ciudad empezaron a seguir sus pasos. El objetivo era dejar su firma en el máximo número de sitios... En la Cueva de Altamira, junto con las imágenes de bisontes y caballos, siempre se encuentran manos estampadas, hechas por humanos, seres con la misma necesidad de identificarse y dejar un rastro de su presencia en este mundo.

Según la Real Academia de la Lengua grafiti es "Letrero o dibujo circunstanciales, de estética popular, realizadas con aerosoles sobre una pared u otra superficie resistente”. Precisamente, uno de los problemas con que se encuentran es la escasez de espacios para pintar, para expresar su creatividad, sus sentimientos, sus emociones, para desahogar sus inquietudes. De ahí el uso de espacios 'ilegales' y de ahí también la visión del grafiti como un delito al estar "estropeando" una propiedad. Pero es verdad que esa ilegalidad sirve para llamar a los jóvenes, para que se convierta en una forma de rebeldía. El graffitero ve un lienzo donde los demás ven una pintada.

El grafiti es efímero, tiene una vida limitada (el deterioro de la pintura o lo que tarda alguien en borrarla). Este carácter temporal es lo que lleva a perpetuarlo (como las grandes obras de arte) por medio de las fotografías. De ahí la exposición de arte más grande, 'Urban Art', que comenzó el 17 de abril en el Centro Europeo del Patrimonio Industrial y Arte situado en Alemania, con obras de 34 artistas procedentes de Nueva York, Paris, Berlín, Copenhague y Sao Paulo.

Así pues, algunos artistas han pasado del circuito marginal a un espacio institucionalizado o de negocios. Las técnicas han evolucionado al punto de alcanzar la categoría de obras de arte. Muchas galerías y museos de todo el mundo abrieron sus puertas al 'street art'. Les ha supuesto un reconocimiento pero quizás también una pérdida de libertad y del sentido de denuncia social. ¿Perderá fuerza u originalidad? Ya, algunos de sus seguidores afirman: el verdadero grafiti está en la calle, no en una galería... Ser grafitero "hace que te sientas diferente". "Me ha ayudado a crecer, a ser lo que soy”. "Coger un bote de aerosol es coger algo prohibido". "Me gusta ver escrito mi nombre por ahí".

Hay gente que hace de esto su profesión, como Kool que ejerce de monitor de grafiti en el programa de actividades de 'La noche es joven', del Ayuntamiento de Santander.

Quedémonos con que gamberro es quien estropea el mobiliario, el grafiti no es eso. Es una forma de no sentirse excluido.

 

 


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