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Red-acción
II Época / Nº30
Enero-Febrero
2009
ENTREVISTAS / PREGUNTAS Y RESPUESTAS

Cristina Nogués, jueza del Tribunal de Menores de Cantabria

Por Marisol Castillo, alumna de 1º de Bachillerato del colegio La Paz de Torrelavega.

Cristina Nogués Linares es la magistrada del único Juzgado de Menores de la provincia de Cantabria, el de Santander. Nos ha concedido una parte de su tiempo para explicarnos el funcionamiento de esta institución encargada de aplicar la justicia a menores de edad y la problemática de la institución. Cántabra de nacimiento, pertenece a la carrera judicial desde hace 21 años, desempeñando el cargo de magistrado de menores en nuestra comunidad desde el año 2000.

Maza utilizada en los juzgados.

Pregunta.- Usted es cántabra pero, ¿ha ejercido siempre en la comunidad?, ¿qué cargos y en qué lugares ha trabajado?
Respuesta.- Primero estuve en Lérida en compatibilidad con la Audiencia Provincial que estaba allí, cuando estaba en vigor la ley anterior por la que la edad de competencia del juzgado de menores era de 12 a 16, menos que ahora, que es de 14 a 18. También he estado ejerciendo en Aragón y en Cataluña.

P.- ¿Qué le hizo descubrir tal vocación?
R.- De la forma más espontánea en realidad. Cuando estaba en el último año de carrera, una compañera de piso me comentó que ella estaba pensando en preparar las oposiciones a juez y yo opté por lo mismo. Después ya tuve muy claro que ser juez era lo que me gustaba, por el espíritu. Además el papel que desempeñas es más el de conciliador, el de resolver problemas… como si fuera el espíritu de un juez de paz. Pero la vocación era esto: ayudar a la gente, intervenir en los problemas… Y ahora, en el Juzgado en el que estoy, es totalmente vocacional, porque me encanta tratar con menores.

P.-En la puerta de su despacho, un rótulo indica su cargo de magistrada. ¿Ha sido víctima de algún hecho que considere particularmente injusto, precisamente por ser mujer?
R.-No, en la carrera no, así como en otras profesiones dicen que la mujer puede estar peor retribuida, el hecho de quedarse embarazada… pero desde luego, como funcionaria en la carrera judicial, ninguno en absoluto.

P.-Como jueza le corresponde mantener la calma y la fuerza ante las víctimas en un juicio, ¿es este un aspecto que le resulta difícil de desempeñar en su trabajo?
R.-No, la verdad es que no. Considero que hay que tener mucha humanidad y generosidad sobre todo; ponerte en la piel del otro, tanto en la del menor infractor como en el de la víctima, intentar un difícil equilibrio para conciliar los intereses de todos, y creo que esto se me da bien, que me sale instintivamente.

P.-¿Por qué delinque un niño que lo tiene todo? ¿Cuáles cree que son las causas que impulsan a un joven que no tiene necesidades económicas a cometer un delito?
R.- Pues exactamente por eso, porque lo tiene todo... El porcentaje mayor, por supuesto, es lo contrario. Delinquen más los menores de familias desestructuradas, aquellos con problemas económicos o una falta total de control y límites por parte de los padres bien porque no valen, porque no quieren o porque no pueden, ya que hay casos de padres que tendrán que estar trabajando las 12 horas del día para sacar adelante a su familia. Los delitos que cometen suelen ser hurtos, robos con fuerza, etc.
En el otro caso, como decía antes, será porque lo tienen todo. Muchas veces queremos lo mejor y damos más y más… y llega un momento en el que ya no saben con qué dar.

P.-Actualmente se presta mucho apoyo a la reinserción de menores. ¿Cree usted en las medidas reinsertadoras?
R.- Totalmente. Creo que son eficaces en una gran mayoría de casos y estoy de acuerdo también con el lema de la fundación AGRAMA, encargada de muchos de estos centros de reforma de España, Un menor que se reeduca, una generación que se salva. Creo que sería un éxito que de diez menores consiguiéramos que uno saliera adelante, tuviera un trabajo y llevara una vida normal.

P.-Emilio Calatayud, juez de menores de Granada y artífice de las múltiples sentencias educativas que han convertido a esta ciudad en la que los menores cometen menos delitos, revindica la libertad y la educación sobre los centros de internamiento. ¿Está usted de acuerdo con el magistrado?
R.-Sí, pero, por ejemplo, hace unos años salió una noticia en la que se decía que la sanción que puso a un menor como medida educativa era enseñarle a leer y a escribir. Esto está claro, ya que la medida de internamiento supone que el menor esté en el centro con una formación integral, porque uno de los derechos y obligaciones de los menores según la ley y el reglamento del menor es la educación. De hecho, muchos de ellos sacan el Graduado Escolar en el centro.

P.-¿Qué importancia tiene una condena para el futuro de una persona? ¿Los jueces piensan en ello antes de emitirla?
R.- Pues mirando hacia el futuro, por supuesto. Como todo lo que se impone son medidas educativas dirigidas a la reinserción, rehabilitación y formación del menor, lo que se pretende es reconducir su conducta para que deje de delinquir e influir también en los factores de riesgo por los que pueda verse influido.

P.-¿Cuáles son los distintos regímenes en los que se puede encontrar un menor en un centro de internamiento?
R.- Está el régimen cerrado, en el que no pueden salir para nada del centro y los tutores y profesores se desplazan hasta la instalación; el régimen semiabierto, en el que los chicos pueden salir para realizar alguna actividad como, por ejemplo, ir al colegio, y, por último, el régimen abierto, en el que los menores sólo acuden al centro por la noche para dormir.

P.-¿Coincide en el hecho de que los jóvenes que cometen un delito no tienen por qué ser delincuentes?
R.- Sí, claro. El Tribunal Constitucional, de hecho, ha dicho que no se puede etiquetar. Además, en ningún momento puedes decir un dato que permita la identificación del menor, aunque a veces aparece, lo cual conlleva una buena reprimenda por parte del gabinete de prensa de la Policía.

P.-Durante el primer año de vigencia de la Ley del Menor aumentó el número de delitos cometidos por los menores. ¿Cree que existe una conexión entre la dureza de una ley y el número de delitos cometidos?
R.- No, no aumentó, lo que pasa es que la competencia era diferente. Antes era de 12 a 16 y a partir de esta edad quedaban sujetos al Código Penal de adultos, pero con la aplicación del atenuante de la minoría de edad y, al cambiar la ley a la 5/2000 que entró en vigor en enero de 2001, se estableció de 14 a 18, por lo que el primer año aumentarían porque los que más delinquen son los de 16 a 18.

P.-¿Cree que en ciertas ocasiones encerramos a los delincuentes porque sentimos miedo?
R.- Es la alarma social y el riesgo de reincidencia es un factor a tener en cuenta evidentemente, un factor entre otros muchos.

P.- ¿Cuál ha sido su última sentencia 'especial'?
R.- El último caso ha sido una agresión sexual, que sucedió hace dos veranos y el juicio tuvo lugar esta primavera. En la Cuesta del Hospital un menor extranjero violó a una señora mayor. La sentencia fue un internamiento con régimen cerrado de cuatro años, más un periodo de libertad vigilada para que una vez fuera, no se encuentre sin ningún tipo de apoyo.

P.-¿Cómo son los menores que llegan a su juzgado? ¿Podríamos decir que existen diferencias por clases? ¿Cometen más delitos los chicos o las chicas?
R.- La verdad es que el porcentaje es mucho más elevado en el caso de los chicos y en delitos como hurtos y robos con fuerza. Quizá se encuentra más equilibrada la balanza en el tema de lesiones, amenazas, etc.

P.- ¿Cree que tiene alguna relación el fracaso escolar con la delincuencia?
R.- Sí, desde luego. El fracaso escolar es uno de los factores de riesgo, el ausentismo, etc. Pero no en todos los casos, ya que también se pueden dar muchos otros factores de riego. El principal de todos ellos, sin embargo, es la familia, hablando desde el punto de vista educativo.

P.-¿En alguna ocasión un joven le ha agradecido una sentencia? ¿Te sientes realizada con tu trabajo?
R.- Sí. De hecho, uno quiere casarse conmigo, lleva en el centro más de un año y le tengo enamorado -bromea-. Me siento súper realizada y además los padres también te lo agradecen mucho y eso te gusta. Ha habido ocasiones en las que incluso me han pedido que ingresáramos a sus hijos en el centro porque ya no sabían qué hacer y al final los chicos te terminan transmitiendo que están donde debían de estar durante un tiempo. Desde luego, es un trabajo muy reconfortante y con el que me siento muy realizada.

 


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