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Nº 126

OPINION / TRIBUNA LIBRE

La plaga de los smartphones

Por Francisco Matorras, alumno de 4.º ESO A del IES Las Llamas de Santander.

A menudo me ocurre que salgo con algún amigo y que este se preocupa más de una conversación de whatsapp que de mí. Nunca lo he entendido, pues para eso, ¿no es mejor quedarse uno en su propia casa, en la comodidad de tu sofá? Y alguna vez lo he comentado, mas las únicas respuestas que he recibido son: "mis padres se enfadan si lo hago, y es que así tomo el aire". Con la primera estoy de acuerdo, pues yo también me enfadaría, mas a la segunda suelo contestar, con mucha coña, "¡abre la ventana!".

Distintos modelos de smartphones.

También soy testigo frecuente de gente caminando con la cabeza hacia abajo sin levantar la mirada de su smartphone, aunque lo más sorprendente es que no acostumbro a ver choques o caídas, aunque más de una sí he visto. Pero uno de los problemas más graves derivados de este uso es el de las personas que cruzan la carretera de esta forma, con semáforos en rojo o por zonas de carretera sin paso de peatones. A más de uno he visto yo también salvarse por la habilidad del conductor.

En un principio pensé que esto era cosa solo de gente joven, de entre catorce y veintipocos años, pero a medida que pasa el tiempo esta plaga que son los smartphones se ha ido propagando a adultos, incluso a ancianos o, lo que es peor, a niños pequeños. Esto es lo que a mi entender menos sentido tiene. Un niño de ocho años no debería tener un móvil de 300 euros, ya que no es capaz de comprender su valor. Lo mejor que le puede pasar es que lo acabe perdiendo o rompiendo. El objeto que, con su edad, más valor tenía debía de ser un balón de fútbol de unos veinte euros, y lo peor es que estoy seguro de que disfrutaba mucho más de lo que tenía que los niños de ahora.

Pero tras mucho meditar he concluido que el colmo de todo esto son todos aquellos que 'guasapean' mientras conducen. Porque, si tu vas andando mirando el móvil y te chocas, te haces daños tú, o como mucho le das un golpe a alguien, pero si esto mismo lo trasladamos a la conducción, probablemente no seas tú quien más perjudicado salga e, incluso, podrías atropellar a alguien y que eso le costase la vida y tu no tendrías ni un rasguño. Es verdad que este último caso es el más extremo, pero también puede ocurrir.

Otro caso relacionado con los móviles es el de aquellas personas que tienen que estudiar, trabajar o hacer algo similar, pero que antes de empezar envían un mensaje o suben una foto a alguna red social y que, de repente, se dan cuenta de que han pasado la tarde entera sin tocar un libro.

Podría quejarme mucho de esto, pero creo que no procede pues, aparte de gastar un tiempo que ambos podríamos aprovechar en algo mucho más útil, sería en parte una hipocresía. Porque mentiría si dijese que nunca he dejado un trabajo para el día siguiente por culpa del móvil. Es más, este párrafo he tardado el triple en redactarlo porque me llegó un mensaje y claro, una cosa llevó a la otra y... Ya sabéis cómo acaba la historia.

 

 

(Para obtener más información: ¿Qué es el phubbing? Aquí sabrás algo más sobre este término ampliamente relacionado con el contenido del artículo)




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