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Red-acción
II Época / Nº46
Abril
2011
ÉRASE UNA VEZ

Menudo viaje

Por Inés Cuerno Muñoz, alumna de 6º A del CEIP José Arce Bodega de Santander.

Flipo, un oso polar, cuenta cómo es capturado junto a su amigo Mandú por un yeti y las aventuras que corren.

Flipo.


Hola, mi nombre es Flipo, soy un oso polar y vivo en la nieve. Soy vegetariano, no como carne. Mi mejor amigo se llama Mandú y es una especie de oso perezoso. Vivo en una aldea en el bosque perdido, no sé por qué se llama así pues, la verdad, de perdido no tiene nada. Bueno, es un poco difícil de encontrar, el humano casi nunca nos ha encontrado y las veces que lo ha hecho hemos estado listos para atacar. Allí vivimos muchos animales (todos buenos) y siempre nos ayudamos.

El caso es que quiero contaros lo que me ha pasado, porque ha sido todo increíble. Ocurrió hace tres meses. Yo estaba andando por el bosque con mi amigo Mandú, buscando unas maderas especiales que solo se encuentran a la salida de bosque perdido para un bebé que acababa de nacer y queríamos construirle una cuna. Estábamos a punto de salir del bosque cuando de repente escuchamos un ruido. Mi amigo y yo nos miramos y continuamos caminando tranquilos, pero de repente volvimos a escucharlo, y otro, y otro, y otro. Nos volvimos a mirar y los dos nos entendimos a la perfección. Los dos, asustados, levantamos el pie para correr, pero entonces fue demasiado tarde. Ahí estaba, el malvado y terrible Yeti, nuestro peor enemigo. Esta vez no estaba solo, estaba con dos especies de Yetis, pero más raros y pequeños. Fue inútil escapar, con una simple cuerda nos atrapó a los dos y nos llevaron a su cueva, que se encuentra encima de la cascada, fuera de la aldea.

Pasamos cinco horas sin comer ni beber. Fue horrible, pero entonces vino el Yeti y rompió las cuerdas donde estábamos atrapados. No pudimos escapar porque en la entrada se encontraban los dos matones. El Yeti nos soltó una charla que casi nos morimos del aburrimiento. Pero entonces llegó el momento, nos cogió a cada uno con una mano, abrió la boca, cerré los ojos y… Aparecimos en una especie de ciudad rara. Yo ya había estado en una ciudad, porque los humanos me habían capturado, pero sin hacerme daño. Estuve en el zoo seis meses.

El caso es que esta ciudad tenía edificios de metal, y las personas andaban por la calle subidas a unas máquinas que se movían, con un ordenador incluido.
- ¿Dónde estamos?- dijo Mandú.
Yo no tenía ni idea pero entonces se me encendió la bombilla.
- Ya sé donde estamos, está claro que estamos en el ¡futuro!- dije yo.
- ¿Qué? No puede ser. Bueno, gracias a Dios que estamos vivos pero no puede ser. ¿Cómo es que hemos viajado en el tiempo y estamos en el futuro? Y lo más importante ¿cómo volvemos a nuestra dulce y calentita casa?
- No sé, pero tenemos que ir a alguna parte. Por lo menos saber en qué parte del mundo estamos, porque está claro que no nos podemos quedar aquí.

Entonces nos escondimos en un 'Futubar'. Bueno, por lo menos eso es lo que ponía en el cartel. Fue una horrible idea, toda la gente que estaba dentro empezó a gritar y armaron un escándalo tremendo. Al cabo de un segundo el 'Futubar' estaba vacío. Bueno, al menos eso creíamos, pero quedaba un cocinero que no se había enterado de nada. Normal, estaba cocinando…

Cuando nos vio, al pobre casi le da un patatús, pero le tapamos la boca. Mandú y yo nos miramos y enseguida nos comprendimos, ¿os he dicho que Mandú y yo somos tal para cual? Sé que esto está un poco mal, pero la única forma de que supiéramos dónde estábamos era meterle miedo y amenazarle. Eso hicimos.
- Dinos en qué ciudad estamos o te hacemos filete - dije con voz amenazadora.

Él primero se rió, pero luego no tanto, porque mi amigo puso la cara de bestia que usa para Hallowen. El cocinero nos dijo que estábamos en 'Futuro Australia'. Para los que sois del siglo 21 es Australia.

Nosotros vivíamos en el norte de Canadá y no sé cómo pero teníamos que volver a nuestra aldea. Aunque lo peor eran nuestras familias, nuestros amigos, todos los del bosque perdido, ¿también serían del futuro? Porque si lo eran, no sé cómo lo tendríamos que hacer para que todo fuera como antes. El caso es que en la cocina de aquel bar había algunos trajes de cocineros y la única forma de que saliéramos a la calle sin que gritaran era disfrazarse. Yo me puse un traje de esos, un gorro muy alto, y unas gafas de sol. Y mi amigo Mandú prácticamente igual que yo. Salimos a la calle, por suerte nadie nos reconoció. Yo sabía que para ir a Canadá había que coger un avión o una avioneta. Así que fuimos al 'Futuro aeropuerto'. Dos días enteros estuvimos andando, porque el aeropuerto estaba a las afueras de la ciudad, ¡y tanto que a las afueras!. Cuando llegamos, fuimos a coger el billete de avión, pero, mira que son raros los humanos, teníamos que tener dinchero o algo así, ¡ah no!, dinero. Nosotros no tenemos dinero así que tuvimos que meternos dentro de la maleta de unas personas (tuvimos mucha suerte). En fin, después de todo un día viajando y potando llegamos a Canadá.

Canadá es muy grande pero conseguimos llegar a nuestro valle. Lo que pasa es que es gigante. El caso es que por lo menos esto lo conocíamos algo y sabíamos un poco por dónde íbamos. Pero el problema era que seguíamos en el futuro.

Nosotros continuamos andando pero por el camino nos encontramos a un koala muerto de frio con una manta por encima y caminando delante de nosotros haciendo la misma ruta. Nosotros nos miramos extrañados y continuamos andando. Era muy raro que un koala, que vive en Australia, esté haciendo una ruta en Canadá. Empezó a anochecer, así que decidimos pararnos y dormir, y por la mañana continuar, pero el koala también se paró. Nos sentamos en la nieve e hicimos una hoguera para calentarnos. El koala nos preguntó si podía dormir con nosotros y si podía quedarse en la hoguera para calentarse. Nosotros aceptamos encantados.

A lo largo de la noche empezamos a hablar:
- Bueno, ¿y qué haces por aquí caminando por esta ruta?- preguntó Mandú.
- ¿Yo? Pues… nada, que me gusta la montaña- dijo el koala sospechoso.

Pero, ¿cómo puede estar un koala que le gusta el calor en una montaña llena de nieve? Había algo que no me encajaba. Pero entonces él nos preguntó:
- ¿Y vosotros, qué hacéis por aquí?
- Nada, es que no nos vas a creer- dije yo.
- Venga decídmelo, por favor, soy de confianza- continuó el koala ansioso.
- De acuerdo, es que a nosotros nos estaban a punto de comer, de repente… - quise continuar pero entonces el koala se adelantó.
- Aparecisteis en una ciudad del futuro, ¿es cierto?- preguntó el koala.
- Sí, es exactamente eso lo que ha pasado. ¿Cómo lo sabes?- preguntó Mandú.
- Porque a mí me ha pasado lo mismo, pero diferente. Yo estaba en Australia y me iban a comer, de repente aparecí en Canadá; bueno, en 'Futuro Canadá'. Una vez allí visité librerías y muchas cosas, y descubrí que existe una piedra mágica que se encuentra en una cueva encima de una cascada, cerca de aquí. Lo que pasa es que la gente no la conoce porque como nadie ha viajado al futuro, nadie se lo cree- continuó el koala.
- Madre mía, ¿entonces existe una piedra que hace que vuelva a ser todo como antes?- preguntó Mandú.
- Sí, y juntos tenemos que encontrarla. Y cuando la tengamos en la mano, hay que destruirla.- contestó el koala.
- Creo que sé donde está. ¡En la cueva del Yeti! Por eso antes de comernos se ve que hubo un derrumbe y tocó la piedra o algo así. Y entonces nos intercambiamos de país, nosotros viajamos a Australia, y tú viajaste a Canadá - dije yo.

Continuamos andando muchísimas horas hasta llegar a la zona donde vivía el malvado Yeti; ahora solo faltaba encontrar la cueva. Estaba muy escondida. Nos costó mucho encontrarla y al final lo conseguimos. Pero… ¿dónde estaba la piedra? y ¿qué íbamos a hacer para entretener al Yeti?

Entramos en la cueva pero la malvada bestia estaba dormida. Bueno, era difícil aunque estuviera dormido, porque como se despertara la íbamos a fastidiar. Entramos bastante al fondo de la cueva muy silenciosamente, pero no había ni rastro de la piedra. Cada vez se iba estrechando más y costaba mucho entrar. Había muchos pasos chungos y a koala lo teníamos que ayudar, porque era muy pequeño.
Teníamos algunas velas que había traído el koala y había comprado unas linternas que alumbraban muy poco. Llegó un momento en el que la cueva parecía que se acababa, pero en realidad continuaba y se convertía en un laminador. Un laminador es una parte de la cueva con muy poca altura; es decir, desde el suelo hasta el techo hay 70 centímetros. Nos planteamos si pasar o no, pero al final pasamos. Tuvimos que arrastrarnos durante mucho tiempo, pero lo bueno es que el suelo de la cueva era como arena. Fue un laminador muy grande, estuvimos arrastrándonos 80 metros hasta que por fin llegamos a una sala grande donde te podías poner de pie. Ahí estaba la piedra. Se encontraba en una urna de cristal, pero estaba rota y había varias piedras en el suelo. Lo dicho, un derrumbe. Cogimos la piedra y nos fuimos corriendo. Fue muy difícil no despertar al Yeti, pero conseguimos salir de la cueva.

Ya fuera, muy lejos, nos despedimos del koala y, minutos después, tocamos los tres la piedra y la tiramos a la cascada; una luz enorme salió de la piedra.

Tiempo después, el koala había desaparecido y todo era como antes. Llegamos a casa, abracé a mi mujer y se lo conté todo. Por suerte, ella me creyó y todos los de la aldea también. Fue una historia increíble para contar.

                                                                                      FIN


EPÍLOGO:

Para escribir esta historia me he inspirado en una cueva que visité hace poco con mis padres, mi hermana, mis primos y mis tíos que son arqueólogos. Lo del laminador es verdad, atravesé un laminador de unos 80 metros y fue muy divertido.

DEDICATORIA:

Esta historia se la dedico a mis amigos, mi profesora, y a mi familia.


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