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Trabajos: Relatos Poemas
Rocas ¿Dónde esta el límite entre la locura y la cordura?, ¿conoces la diferencia entre un enfermo y un sano?, ¿por qué no el enfermo sano y el sano enfermo?. Convenciones arbitrarias, pura ciencia o caprichos del destino son las posibles respuestas a mis preguntas. Una y otra vez pasan mil cosas por mi mente, es una fuerza que se apodera
de mí, me hace perder el control, no soy yo, es él, ahora
esta él ¿qué quieres?. Heme aquí, en el interior de esta oscura habitación en el que sus gigantes paredes se desbordan sobre mí haciéndome sentir muy pesada, con cien kilos de ropa mojada. Pero no, no son las paredes lo que me pesan, lo que lo hacen son estas terribles correas que me atan de pies y manos. ¡¡Quiero salir!!. Quiero ser tal cual mota de polvo que va por el vasto cielo hasta el nunca, hasta el fin de la nada. Algo tan insignificante como una mota de polvo. La enfermera me inyecta el no sé qué, ese pequeño gusanillo que trepa por mis venas y me hace dormir y morir. Todos los días muero pero todos los días nazco, sólo aguardo el día en que la nada se apodere de mí definitivamente. Despierto. Ya no estoy allí, ¿dónde estoy?. Me encuentro en la habitación. Me siento insegura, mi mente, yo; hemos llegado a un punto en el que no hay distinción entre sueño y realidad, para mí todo es realidad, ya esté despierta, dormida o delirando, no lo sé, yo no sé nada. Hace tiempo, ni me acuerdo, mientras caminaba por mi casa vi algo muy
extraño, mi madre estaba hablando con un señor muy elegante
en el salón, se la notaba triste y mi padre analizaba con gran rotundidad
a semejante individuo. Yo no le di mayor importancia.
Un día mi amigo Frodo, sí, como el del Señor de
los Anillos me trajo mis rocas. El tiempo que estuve con ellas fue maravilloso,
compartimos tantas cosas... por lo menos las que nos permitían estas
cuatro paredes. Hasta que dieron la vida por mi. Estoy tan cansada, supongo que sea por los sedantes que me han suministrado, pero estoy derrotada, ya no puedo más. Ahora me toca darme un baño, hoy si que me voy a dar un baño, pero un baño dulce, el mejor y más eterno. ¡Enfermera! Tráeme unas toallas y jabón para el
baño. Lo que nadie sabe es que yo sabía que este momento podía
llegar y yo estaba preparada para ello, ya me ocupé yo de estarlo.
Debajo del lavabo tengo preparadas unas cuchillas que he ido quitando de
las máquinas depilatorias, aunque parezca lo contrario ahora estoy
mas cuerda que nunca. Y como dijo algún sabio: "La vida es un sueño y los sueños, sueños son".
I Premio Certamen Literario IES Manuel
Gutiérrez Aragón Comienzan a despuntar los primeros rayos de sol de esta gélida mañana otoñal y se cuelan a través de la contraventana de cedro aún cerrada. Llegan a mi cama produciéndome una ligera molestia en los ojos aún acostumbrados a la oscuridad del letargo, sin embargo no consiguen despertarme, pues esto ya lo ha logrado hace rato el gallo de Eulalia, mi vecina. Mi padre dice que cualquier día lo coge y lo utiliza para hacer un caldo pues lo despierta muy temprano y él se queda hasta altas horas de la noche leyendo sus enormes y polvorientos libros, por lo que es incompatible el trabajo del gallo con las costumbres de mi padre. Él es un hombre corpulento, alto, de profunda mirada tras las pequeñas lentes de lectura y adornando su faz se encuentra un muy poblado bigote que yo conozco desde siempre, aunque en fotografías de sus años mozos le he podido conocer sin ese mostacho que ahora le da un aspecto de seriedad y distinción, de acuerdo con su trabajo, director del banco del pueblo. Me he puesto el traje de pana marrón, que es uno de mis favoritos porque es de pernera larga y eso me hace aparentar ser mayor, los demás chicos de mi edad utilizan todavía pantalones cortos aunque lo cierto es que se ponen lo que tienen porque la mayoría se conforma con poder asistir a la escuela. Bajo a desayunar, allí está mi madre, una mujer pequeña, de aspecto endeble, pero en realidad es fuerte y de eso puede dar buena cuenta mi trasero, que alguna vez ha tenido desacuerdos con su mano, y ésta siempre ha salido ganando en la discusión. Me espera sentada a la mesa, junto al tazón de leche caliente y la rebanada de hogaza. Yo me siento a su vera y le envío una sonrisa, respondiéndome con un beso y un "Buenos días dormilón". Mientras ella se dedicaba a otras labores yo me tomé el tazón a toda prisa y salí corriendo hacia el colegio. Era el primer día de clase y no quería llegar tarde. Cuando llegué vi allí a todos mis antiguos compañeros y a los nuevos, pero éstos empezaban en cursos inferiores. Tocó la campana don Julián, que era maestro de esta escuela desde hacía muchos años y entramos corriendo como si nos fuesen a dar un premio, aunque eso fuese en cierta medida cierto pues si tenías suerte te podías sentar junto a Verónica Sáez la hija del boticario, que había pasado todo el verano en el norte en casa de unos familiares de San Sebastián. Con el sol y los baños en la playa, su tez morena destacaba de la del resto de las chicas del pueblo pues ella parecía tener un brillo especial. Además había pasado de ser una niña a ser la chica más admirada por los chavales mayores y no es de extrañar; decían que el comer pescado a menudo le sentaba muy bien. La suerte de estar a su lado le correspondió a Alberto Soto; ése ya se había ganado una buena pedrada ese día por parte de los otros mozos. Yo me senté al lado de Imanol, éramos amigos desde siempre
y don Julián nos dejaba sentarnos detrás con los más
veteranos, pues decía que teníamos un nivel de bachillerato.
Mientras los más pequeños comenzaban sus lecciones, a nosotros
nos mandó una redacción acerca de lo que habíamos hecho
ese verano. Para mí era fácil pues fue un periodo en el que
descubrí todo un mundo fuera de las limitadas fronteras de este pueblo. Esa misma noche tenía el equipaje hecho y dispuesto a partir, pero lo que realmente me preocupaba era que por fin iba a conocerlo. Siempre oí a mi padre hablar de él como una persona huraña; no le gustaba el trato con la gente, decía que sus únicos amigos eran los libros desde hacía años, aunque en este aspecto mi padre no tenía nada que criticar pues lo suyo pasaba de una simple afición a la lectura. Al día siguiente, emprendimos el viaje bien temprano en el autobús de Eusebio, que nos llevaría hasta Burgos y de allí hasta Zaragoza. Lo cierto es que yo sólo había viajado fuera del pueblo y sus alrededores en contadas ocasiones, y siempre con Don Julián a visitar ruinas romana. Él decía que en un país en ruinas se debería mirar el futuro y no su glorioso pasado. Eso sí; siempre hablaba en voz baja y ante sus amigos más allegados como lo hacía mi padre, pues también decía que con esas ideas era más lógico acabar frente a un paredón que en un altar. Por lo pronto, yo seguía disfrutando de las vistas pero el cansancio pasa factura y me quedé dormido hasta llegar a la ciudad. A la mañana siguiente me desperté en una habitación desconocida, por lo que decidí bajar las escaleras. Llegué a la cocina donde se encontraba mi madre haciendo algunas labores. Se giró, me agarró por el hombro y me llevó hasta una gran sala llena de libros. En el fondo se encontraba sentada una figura corpulenta, sentada en un sofá verde oscuro; el poco cabello de su cabeza era de color plateado, sus ojos hundidos se clavaban ahora en mí a través de unas diminutas lentes, su rostro estaba cubierto por una espesa barba donde el blanco abundaba, pero dejaba entrever tonos marrones y pardos. Mi madre, me dijo que él era mi abuelo; que fuese a saludarlo. Entonces yo me acerqué y le di un beso en la mejilla. Él se quedó quieto, con una mirada impasible. Yo me giré y salí de la sala a toda prisa. Al rato vino mi madre a la cocina y me explicó que no me debía de asustar, que no debía de tenerle miedo, así que a media mañana decidí acercarme a la biblioteca, donde suponía que lo podía encontrar y donde de hecho lo hice. Entré sigilosamente y me dirigí hacia aquel hombre gris; me puse delante de él y bajó el libro para lanzar una mirada sobre toda mi persona, como pasando revista. Yo me puse a darle explicaciones de mi actitud de esa mañana, entonces ante mi disculpa él realizó un gesto de aprobación y yo opté por acercarme a una estantería y elegí un libro que trataba de barcos y que parecía interesante. Me senté en una butaca marrón y lo abrí por la primera página. Cuando estaba leyendo noté que mi abuelo me observaba, alcé la vista y mis ojos se clavaron en él para preguntarle el motivo de su mirada. Entonces me dijo que le parecía extraño que un chico de mi edad se interesase por un libro de esas características. Lo dijo con una voz profunda, muy similar a la de mi padre. Yo le respondí que me gustaban los barcos, aunque nunca había visto ninguno de cerca. También le expliqué que yo leía ese tipo de libros debido a que tenía un nivel de lectura y de redacción de un alumno de bachillerato. Durante el resto de la mañana estuvimos fijados a nuestros asientos devorando el tiempo de lectura en un silencio sepulcral, ajenos a cualquier distracción que nos pudiera ofrecer la enorme ventana que comunicaba la luz exterior. Durante la tarde me dediqué a acompañar a mi madre de compras por la ciudad, guiados por la mujer que se encargaba de cuidar de mi abuelo. Era la oportunidad de conocer una urbe tan grande y repleta de gente. En los siguientes días apenas entré en casa, por lo que no vi a mi yayo. Había pasado casi una semana, cuando entré en la biblioteca
y observé a aquella vieja figura en el mismo lugar donde se encontraba
el primer día que llegué. Lo único que cambiaba era
el libro que tenía entre sus manos. En esta ocasión leía
un libro de tapas rojas de Calderón de la Barca, La vida es sueño,
mientras la otra vez se trataba de un enorme libro negro cuyo título
no pregunté por miedo a resultar incómodo ante la impresión
de aquella seriedad que reinaba en el ambiente. Devolví a su lugar
el volumen que había cogido sobre barcos y de repente se oyó
en toda la sala: Entonces elegí un libro de Gustavo Adolfo Bécquer, del que había oído hablar a mi padre, y me sumergí en una nueva lectura aunque no pude dejar de pensar en la escueta conversación que mantuve con mi abuelo. Durante las siguientes mañanas no nos cruzamos ninguna palabra, pero sentía que ya no le incomodaba mi presencia y a mí no me intranquilizaba la suya. De repente un día lo vi bien vestido y me dijo que me preparase para salir, que íbamos a dar una vuelta. Era como un oso que despertaba de un largo invierno de varios años. Durante el paseo me dijo que me fijase en la gente, en su actitud, en
el entorno que la rodeaba. Apenas duró una hora el paseo y volvimos
a casa para la hora de la cena. Después de esta pasamos a la sala
y me preguntó: No pegué ojo en toda la noche. Me quedé pensando en lo
que me había dicho aquella persona tan desconocida hasta hacía
poco, pero con la que cada día me entendía mejor. Entré en la biblioteca y lo vi sentado como siempre, pero me sorprendí
al no verlo con algún libro entre las manos. Estuvimos toda la mañana hablando y parte de la tarde, pero el hablar de forma tan apasionada produce fatiga, así que decidió acostarse. Durante los días sucesivos estuvimos hablando y discutiendo enérgicamente. Realmente nos apasionábamos el uno con el otro; incluso mi madre se dio cuenta de la vitalidad que reinaba entre nosotros. Hasta doña Emilia, que era la encargada de cuidar a mi abuelo, me felicitó por haber despertado el alma de ese anciano gruñón, para convertirlo en un manso cordero que acataba las órdenes del médico. Parecía que ahora tenía algún motivo por el que vivir. Ya había pasado medio verano y en una calurosa tarde se me ocurrió
proponer una cosa a mi abuelo. Dicho y hecho; en poco menos de una semana todo estaba listo para el viaje. Salimos temprano y todo el trayecto me lo pasé pegado a la ventanilla, mirando el paisaje, pero esta vez fue distinto; parecía que mi sensibilidad captaban otra realidad escondida para los ojos de quien no la quiere ver. De repente las casas derruidas tomaban forma de queso francés con agujeros; no parecían caídas por el paso del tiempo, sino que ahora me fijaba en las huellas de los impactos de balas y de morteros que las habían tumbado. Cuando pasábamos al lado de unos labradores, no veía a paisanos trabajando sus tierras, observaba la miseria de un pueblo intentando no morir de hambre. Creo que mi familia tuvo suerte de poder mantener sus negocios, pero ahora he abierto los ojos de niño para aprender a mirar como un hombre. Ahora entiendo lo que me quiso decir al mencionar una tarde que en la guerra ganó un ejército pero quien perdió fue España. Al llegar ya era de noche y estábamos muy cansados, para mi abuelo había sido toda una odisea el llegar hasta aquí en su estado de salud. Se pasó todo el viaje dormido a mi lado, fatigado por el calor de este agobiante verano. Nos recibió mi padre, con el que nos fundimos en un abrazo de reencuentro. Sin embargo, mi yayo se quedó apartado durante un instante pero no tardaron ambos en darse un fuerte apretón de manos y otro abrazo que parecía reconciliarles tras varios años de separación. Al día siguiente pasaron el día juntos hablando en la sala. Yo me fui a contar a Imanol todo lo que me había pasado este verano, bueno casi todo, hay cosas que no se pueden contar ni a tu mejor amigo. A la vuelta vi a mi madre en el porche de la casa con lágrimas en los ojos. Me sujetó de los hombros y me comunicó que mi abuelo había muerto. Pasé el día sentado en mi habitación, pensando en todo lo que me enseñó y en nuestros cambios. Yo me convertí en adulto y él en una persona que dependía del afecto de alguien. Decidimos enterrarlo en el pueblo para tenerlo cerca. Ese día asistió mucha gente por respeto a mi padre. Estoy seguro de que si hubiese visto todo eso estaría orgulloso de su hijo, aunque no dudo que ya lo estuviera hace mucho tiempo. Días más tarde encontramos un papel que escribió
mi abuelo antes de morir. En él decía que su último
deseo era que yo utilizase su dinero para estudiar fuera de España;
que contribuyese a eliminar la ignorancia de un país como éste.
Yo conocía ese deseo y ya le había hecho promesa de cumplirlo.
Cuando empezó la guerra yo no contaba con más de cinco años y vivía en un pueblo de Soto-Iruz llamado La Regata, junto a mis padres y hermanos. Nosotros, cuando empezó la guerra, estábamos en casa y sentimos ruido de aviones y disparos. Nos asomábamos a las ventanas de la casa para ver combatir a los aviones enfrente de nuestra casa, en un lugar llamado Vega de Trasvilla, donde se ametrallaban. Se enfrentaban los que venían de Asturias y los que venían por la derecha de Burgos. Los que venían de Asturias ya venían bombardeando, pero los que venían de Burgos empezaban a bombardear al pasar el monte de Ontaneda, arrasando todo lo que encontraban a su paso. Venían en escuadras de siete u ocho aviones. Que yo recuerde, en el pueblo cayeron varias bombas en diversas casas, pero me acuerdo de dos perfectamente, una que cayó en el solar de mi casa, que abrió puertas y ventanas, y otra que derribó una casa por completo matando a su dueña al quedar bajo los escombros. En una finca enfrente de mi casa, en un lugar llamado Los Cuetos, cayeron 12 ó 13 bombas y a la dueña de la cabaña y de la finca la mataron cuando iba a llevar la leche a vender con su burro, iba a la SAM. Todo esto ocurrió a las 19,00 horas, aproximadamente. Nosotros salimos a asomarnos a la ventana al oír el ruido de los aviones, primero venía uno grande que le llamaban El Abuelón, por su tamaño y el ruido que metía, que sonaba dos o tres veces más que los otros, y luego ya venían las escuadras de siete u ocho aviones, bombardeando. A 100 metros de mi casa se formó toda la orilla de una finca bastante
grande, de camiones militares, que fueron calcinados a los pocos días
debido a un incendio que no supimos lo que lo originó al ser de noche. Al poco tiempo de estar en la cueva nos mandaron salir diciendo que la guerra ya había terminado, pero no era así y cuando todos estabamos en el prado, fuera de la cueva, nos ametrallaron y nos tuvimos que volver a meter dentro. Allí permanecimos hasta pasar otro día y nos avisaron de que habían sido Las Asturianas que nos habían ametrallado. En el pueblo de Soto-Iruz, donde ejercía sus labores de párroco, se escondió en el altar mayor de la iglesia con un fusil y unos cuantos peines de balas, cuando escuchaba algún ruido andaba por dentro del Altar, porque ya habían ametrallado una o dos veces todos los altares de la iglesia por si había escondido alguien dentro. El no habló, no chilló, ni dijo nada, logró mantener su vida y cuando acabó la guerra salió por una trampilla que había en la parte superior del Altar. Esta párroco se llamaba Valentín del Moral Narazábal
La Guerra Civil contada por mi abuelo II A mi abuelo la guerra le pilló siendo un niño, pero él
se acuerda perfectamente de muchos sucesos. Según mi abuelo, en su
pueblo, Abionzo de Villacarriedo, la Guerra Civil fue muy cruel porque
mucha gente del mismo pueblo, amigos de siempre, dejaron de hablarse y,
lo que es peor, algunos del pueblo denunciaron a otros. En un caso, un hombre
denunció a su primo, que fue fusilado por este hecho. Esto sucedió
en el pueblo de Villacarriedo. Mi bisabuelo luchó en diversos frentes con los republicanos, sin ser herido en ningún caso. También ayudó haciendo refugios para la gente del pueblo. Un día, un hombre del pueblo le dijo que si volvía a la guerra, lo iban a matar, porque había gente de la zona que lo tenía envidia, por los bienes que mi bisabuelo tenia, gracias a que había sido indiano. Entonces mi bisabuelo, con miedo a que le matasen, se fue al monte para esconderse. Allí estuvo durante seis largos meses. De vez en cuando bajaba al pueblo para coger comida y alguna arma. Durante estos seis meses, mi bisabuelo y sus tres hijos, entre ellos mi abuelo, que era el mayor con 8 años, se las ingeniaron como pudieron para sacar adelante la casa y poder comer. Pero los republicanos, al percatarse de que mi bisabuelo ya no iba a luchar (fue denunciado) fueron a su casa a buscarlo, pero al ver que no estaba, cogieron prisioneros a su esposa y a sus hijos para obligarlos a decir dónde estaba mi bisabuelo. Mi abuelo, su madre y sus dos hermanas, fueron llevados a la cárcel de Reinosa como presos. Para obligar a la madre de mi abuelo a decir donde estaba su esposo, cogieron a su hija pequeña amenazándola con tirarla al río Ebro, pero mi abuela no dijo nada y al final, los republicanos, no llevaron a cabo su amenaza. Estuvieron una semana en la cárcel, siendo después liberados.
Los Tres Príncipes -"¡Oh! Rey Schahriar, poderoso señor del mundo, vuestra esclava os contará en esta noche un cuento, en el que narra como un rey eligió entre sus tres hijos como su sucesor y de cómo la sabiduría renace en las situaciones desesperadas. Espero que os complazca tanto como los cuentos que durante cuatrocientos trece días os he contado a vos". -"Scherezade, tus cuentos han sido de buen provecho para mí y espero que este también lo sea, cuéntame entonces." -"Amado señor, el cuento trata de un antiguo rey poderoso. Este era amo y señor de un reino resplandeciente con unos muros blancos como la nieve, los edificios eran como templos dedicados al Dios más hermoso; pero no destacaba más que el paisaje, uniéndose a este tal como un árbol al bosque. El palacio sobresalía no sólo en su altura, que semejaba a la de un gigante y su fortaleza a la de un Titán. Su belleza sólo era comparable con nuestro Dios ¡Ensalzado sea!. Este poderoso rey tenía tres hijos, semejantes a la Luna llena, pues era un rey muy bello (aún para su edad). Sus tres hijos eran, aunque del mismo padre, de madres distintas y todas ellas aún más bellas que un plenilunio sin nubes y ensalzadas por las estrellas. El primer hijo se llamaba Sharam, tenía veinticinco años y era tan diestro con la espada, que ni el mejor guerrero del reino le podía hacer sombra, además de ser diestro con otras armas. Siempre llevaba puesta una armadura de acero con ribetes dorados y tan dura era como el diamante. El segundo hijo se llamaba Alid, de veinticuatro años, era el más fuerte no sólo de sus hermanos, sino de todo el reino. Nadie en todo el reino sabía utilizar sus puños y sus piernas como él en la lucha y cuando golpeaba era como si las olas golpearan las rocas. Llevaba una armadura de cuero endurecido, pues necesitaba de su agilidad y no le gustaban más armas que sus puños, pues no se fiaba de ninguna. Su tercer hijo se llamaba Ashoj y él era fuerte en sabiduría y su inteligencia era admirada por todo el reino. Aunque tenía veintitrés años, su edad mental era como la de un sabio erudito, además de ser un gran estratega. Los tres príncipes estaban siempre peleándose pues su padre, iba a designar prontamente su sucesor. El rey, en su máxima y pura sabiduría, decidió que la mejor manera de terminar con esas peleas era sabiendo quien era el más apto de los tres, por lo que les encomendó una misión a cada uno, en la que deberían realizar un viaje a un lugar desconocido y traer de allí un objeto especial, y una vez finalizada la misión quedar en una pequeña choza a tres kilómetros del reino. Sharam, que viajaba por el desconocido Occidente, se encontró con una extraña estructura. Cuando se acercó más, observó un gigantesco laberinto. Aunque no tuviera la inteligencia de su hermano pequeño, sí que entendía que si entraba en el laberinto se perdería, por lo que sacó un ovillo de cuerda, que casualmente tenía, y ató un extremo a una palmera y entró. No con poco esfuerzo llegó a una habitación que tenía un cofre en el centro. El cofre parecía muy robusto, pero con un certero mandoble, abrió el cofre, pero en consecuencia rompió la espada por el fuertísimo golpe. Al mirar su interior, se quedó maravillado al ver una espada, en cuyo filo se podía observar unas runas grabadas. Parecía una espada simple con un mango de roble, pero el brillo de su filo, alentaba a un guerrero en la guerra, un brillo que hechizó a Sharam, que al cogerla, sintió un hormigueo en el brazo. Al instante comprendió que era una espada mágica. Así salió y fue al punto de encuentro. Alid que viajaba por el Norte, llegó a una especie de castillo que por lo que podía observar, llevaba ya mucho tiempo destruido. Alid entró y vio un gran salón con un trono en el centro. Pero lo más interesante, era que en el trono había un esqueleto totalmente descarnado, supuestamente muerto hace muchos siglos. En sus huesudas manos tenía un artefacto extraño alargado con unas lentes de cristal en cada extremo. Al quitarle el objeto, por arte de magia, se levantó el esqueleto y atacó a Alid. Este con gran fuerza y destreza, le dio un fortísimo golpe, desmontando al esqueleto. Al observar el objeto, Alid se sorprendió de verlo todo más cerca, como si él estuviera en ese lugar. Así salió y fue al punto de encuentro. Ashoj, que viajaba por el Este, encontró una gran ciudad en ruinas situada entre dos grandes ríos. Al entrar en la ciudad, se encontró con un palacio derruido. Al introducirse en el palacio, vio una gran sala en la que destacaba un paquete, que al abrirlo era una alfombra. Maravillado se quedó al ver a la alfombra flotar en el aire. Además, el paquete tenía un antiguo libro que contenía una especie de inventario en una extraña lengua, que gracias a la sabiduría e inteligencia de Ashoj fue descifrado. Se trataba de todas las órdenes necesarias para manejar lo que parecía una alfombra mágica. Así salió y fue al punto de encuentro. Al llegar los tres hermanos al punto de encuentro y en el día señalado, se encontraron con que su padre no estaba y se extrañaron. Para ver lo que en el reino ocurría, Alid observó con su objeto que su reino estaba siendo atacado. Sin momento casi para reaccionar, los tres hermanos montaron en la alfombra mágica de Alid y se dirigieron hacia allí. Cuando llegaron, la gigantesca puerta de roble que guardaba la puerta principal del reino les impedía el paso. Entonces Sharam, con su espada mágica destruyó la enorme puerta. Entre los tres y junto con lo poco que quedaba de su desorganizado ejército, contraatacaron al enemigo, haciéndoles retroceder y venciéndolos finalmente. Encontraron a su padre encerrado en una celda y lo rescataron. Así pues, su padre en eterno agradecimiento les dijo: Al final el pueblo fue gobernado por tres reyes, cada uno con lo mejor que sabía hacer, y el reino creció fuerte y sano, convertiéndose en un reino floreciente, dándonos a demostrar que sólo luchando unidos se consiguen los objetivos deseados.
Hace mucho tiempo había un pueblo en el que nadie sabía leer ni escribir. Un día llegó una chica en busca de un libro que le habían dicho que sólo lo encontraría en ese lugar, en la librería, pero que tuviese cuidado ya que se podría llevar alguna sorpresa. El libro aquel era muy importante, ya que lo escribió su padre que había fallecido. Pero lo que ella no sabía era que esas personas no sabían leer ni escribir. Lo mismo le pasó al hombre que puso la librería, al que el alcalde ordenó que cerrase la librería, ya que una librería allí abierta era una ofensa para los ciudadanos. Entonces cuando la chica llegó y se puso a buscar la librería se encontró con una persona y ella le preguntó dónde esta la librería, y le dijeron que la única que había estaba cerrada ya que lo mandó el alcalde. Ella preguntó el porqué y la dijeron que como nadie sabía leer ni escribir el alcalde ordenó cerrarla. Ella se quedó asombrada ya que para ella era como un hobby. Entonces decidió ir a donde el alcalde para que le concediese el permiso de poder enseñar a sus ciudadanos a leer y escribir. El alcalde no se opuso ya que le parecía buena la idea y así de paso aprendía él también. Entonces inmediatamente reunieron al pueblo en la plaza y les dieron la noticia de que aprenderían a leer y a escribir. Hicieron pequeños grupos, ya que al ser tanta gente no podía con todos a la vez. Estuvo muchísimo tiempo en aquel pueblo ya que el reto y la promesa que se hizo era muy difícil, pero ella nunca perdió la esperanza. Después de mucho tiempo ella consiguió que todo el mundo pudiera leer y escribir correctamente. Finalmente como premio y recompensa el alcalde y el pueblo decidieron regalarle aquel libro que era para ella tan especial, por el esfuerzo y valor que tuvo. Ella antes de marcharse les dijo que jamás dejasen de leer y escribir ya que es lo más bonito e interesante que podía haber en el mundo.
Te Recuerdo Esta frase ha marcado mi vida. La primera vez que se la oí decir a alguien, me impactó tanto que siempre he intentado disfrutar para nunca caer en ese error tan común que es el de la vida Aún sabiendo esto, cuando éramos pequeños, Pau y yo queríamos ser mayores, lo deseábamos, no sé por qué, pero era así. Ahora que hemos crecido, que Pau ha muerto, desearía ser pequeña para volverlo a ver. Tampoco sé por qué Pau fue mi amigo siempre, quizás fue porque era especial, porque sus ojos brillaban de una forma tan distinta, porque era dulce, amable o simplemente porque me quería. Siempre que podíamos íbamos a un bosque que había muy cerca de donde vivíamos para ver las estrellas, algo que nos apasionaba a los dos. Desde entonces decidimos dedicarnos a las estrellas, aunque nuestro mayor deseo se nos ocurrió una noche de verano viendo a las estrellas, pero jamás volvimos a acordarnos de él. El deseo era conseguir un pedazo de estrella para bordar sobre él nuestros nombres con hilo de oro, y guardarlo siempre en recuerdo de nuestra amistad. Juntos, Pau y yo, vivimos experiencias muy importantes que jamás podré olvidar: Vivimos juntos el primer día de colegio, el primer suspenso, el primer beso, es decir, vivimos juntos la vida. Por eso ahora que Pau ha muerto, siento como si una parte de mi vida se hubiese ido con él. Aún hoy me pregunto por qué la vida me habrá quitado lo que más quería, la juventud y con ella a Pau. El día que murió Pau me dijo que él quería que al morir me encargara de enterrarlo con una bovina de hilo. El otro día, pensando, me acordé de nuestro deseo. Estaba tan disgustada por haber olvidado nuestro deseo, que fui al bosque para pedirle perdón. Cuando llegué, todo seguía igual que siempre, aunque las estrellas brillaban más que nunca, y justo encima de donde estaba enterrado Pau, había una carta, la más bonita que jamás me habían escrito. En ella Pau me contaba que ya había cumplido nuestro deseo, que me estaba esperando, pero que no tuviese prisa en llegar, que disfrutara de la vida. Gracias a Pau he disfrutado muchísimo de la vida y ahora no me importa irme de aquí para volver a verlo. Espero que entendáis que yo ya he disfrutado mucho de la vida y que ahora quiero seguir disfrutando, aunque ya no sea de la vida, sino de Pau.
Un futuro mejor Año 3012. La población humana se ha quedado casi sin recursos naturales. El sol se ha desvanecido por completo. Ya sólo nos proporcionan luz y calor unos satélites colocados estratégicamente en la atmósfera terrestre. Apenas tenemos agua. Estamos deshidratados, lo único que nos mantiene frescos y sin sed son unas píldoras con unas proteínas especiales que nos aportan hidro-energía. Si, ya sé que es un poco difícil de asimilar para una mente poco avanzada como la vuestra, pero las cosas aquí son así. Los únicos que pueden disfrutar de agua natural son las personas más privilegiadas económicamente, como los dueños de los más importantes bancos de aire, los políticos y las personas de la nobleza. Para conseguir agua fresca y dulce, se tienen que realizar unos grandes y caros procesos de filtración para separar la sal del agua, ya que, en este tiempo, sólo se puede encontrar agua salada de los mares que, por cierto, cada vez queda menos de ellos. Bueno, esto es una introducción para que os hagáis a la idea de lo que es la vida en la tierra hoy en día. Yo soy Robert Strannford, y vivo en Calastonia, una de las miles de islas que se están desprendiendo de España debido a la erosión de la tierra. La tierra cada vez desertiza más rápido, y cada vez es más difícil remediarlo. Sí, ya se qué os estaréis preguntando: ¿Cómo una persona española tiene ese nombre extranjero? Pues porque hoy en día vivimos dominados por la influencia anglosajona ya que América es la mayor potencia industrial del planeta. De esto os quería hablar... Yo trabajo en el mundo de la política, pero no estoy metido del todo en ello, sólo acuden a mí cuando necesitan mi ayuda. Soy algo así como un "arregla problemas gubernamental". También trabajo como cajero en una Pildor-Shop, una tienda de píldoras alimenticias; bueno, claro, se me olvidó contaros que la reserva animal y vegetal se ha extinguido por completo y sólo nos alimentamos de unas pastillas con vitaminas y sustancias energéticas. En fin... continúo con mi historia. Mis jefes sólo acuden a mí cuando es estrictamente necesario. En la mañana del diecisiete de febrero de hace siete años, yo estaba trabajando como cualquier día cuando me llamaron a la tele-pantalla, era mi jefe, el señor Johnson Dallas, presidente de España, dijo que necesitaba mi ayuda para un caso importantísimo y que debía ir inmediatamente a la capital española, Barcelona. Sí, ya sé que esto tampoco lo sabían: Barcelona. Fui directamente al aeropuerto espacial para coger la nave que primero
despegara con destino a Barcelona. - ¿Qué se traerán entre manos? -pensé-. Nos saludamos cordialmente y nos dirigimos a la sala de conferencias. Johnson comenzó su intervención: - Sr. Robert, siento haberle interrumpido en sus horas laborales, pero necesitamos su ayuda. Usted domina perfectamente el inglés y el japonés, ¿verdad? - Por supuesto, en el mundo en que vivimos, o sabes inglés, o no tienes nada que hacer, sin embargo el japonés lo aprendí por pura diversión y parece que ahora me va a servir. - Estupendo. Queremos que se infiltre en el gobierno estadounidense para... - ¿Gobierno estadounidense? Pero... - No me interrumpa. Sospechamos que el Gobierno estadounidense está tramando una anexión con Japón para unir sus poderes e imponer una dictadura en todo el mundo, lo cual ocasionaría la cuarta Guerra Mundial y acabaría con los escasos recursos naturales que nos quedan. - ¡Oh, Dios mío! ¡pero... eso sería terrible! Sin duda éste es el trabajo más importante que me han asignado jamás. - Destruiría la capa de ozono por completo, y los trabajos empleados en reconstruirla no habrían servido para nada. También contaminaría totalmente el aire, de manera que no podríamos respirar ni con la mascarilla de oxígeno, que es lo que nos ha hecho sobrevivir hasta ahora...sería un caos. ¡Qué digo un caos. Sería el fin del mundo! - Sin duda, pero... ¿Cuál es exactamente mi trabajo en este embrollo? - Preste mucha atención a mis explicaciones: El presidente
japonés y el estadounidense firmarán el contrato de su anexión
dentro de dos noches, en presencia de los medios de comunicación
de todo el mundo. Ese contrato es nuestra perdición. Su trabajo
consiste en lo siguiente: debe viajar a la capital japonesa y hacerse pasar
por el intérprete de ambos presidentes. Llevará consigo un
contrato falso que comprometerá a los presidentes a utilizar gran
parte de su reserva económica para devolver la vida a la naturaleza;
la naturaleza que tan mal hemos sabido aprovechar los seres humanos, y que
ahora es casi inexistente. - O sea, que no sólo está en juego el fin del mundo sino también la reconstrucción del planeta... - Exacto. Partirá hacia Tokio mañana a las ocho en punto de la noche, y llegará allí a las nueve. Usted deberá cambiar el contrato antes de las nueve y media, hora acordada para la firma. - Entendido. Esperé un día hasta que llegó la hora de partir.
Fue el peor día de mi vida. Pasé interminables horas pensando
en la misión, y rezando para que todo saliera bien. - La aeronave hacia Tokio va a despegar. Estimados pasajeros entren por la puerta número 92. Aceleré el paso y llegué a mi respectiva aeronave. Esperamos unos minutos y despegó. El vuelo duró una hora. Sí, ya sé que es extraño para vosotros que durara tan poco tiempo, pero se ha avanzado tanto tecnológicamente... A las 21,05 bajé de mi aeronave. En la escalerilla me recibieron los guardaespaldas de los presidentes con todos los honores. Me acompañaron al dinámic-car y me llevaron a la plaza de Strokavich, donde los presidentes iban a firmar en público. Yo llevaba el contrato falso en mi maletín, estaba nervioso, nerviosísimo. La plaza estaba llena de gente, cámaras y reporteros de todo el mundo. Nos bajamos del dinámic-car y nos dirigimos al escenario donde estaban subidos los dos presidentes esperando mi llegada. Allí entablé una corta conversación con ellos, me entregaron el documento elaborado por ellos y me explicaron que debía leer el documento en voz alta en varios idiomas antes de que ellos lo firmaran. Así lo hice. Llegó la hora. El destino de la Tierra estaba en mis manos. Abrí mi maletín y en un momento en que los presidentes hablaban con un reportero cambié el verdadero contrato por el contrato falso. Después simulé que leía el otro contrato (gracias a mi prodigiosa memoria me lo había aprendido en unos minutos.) Les ofrecí sendas plumas para que firmasen. Las cogieron. Las destaparon y ¡firmaron!. ¡Había salvado al planeta de su destrucción!. ¡Era un héroe! Después de que firmaran cogí un micrófono y leí en voz alta el contrato que en realidad habían firmado; todos los asistentes aplaudieron efusivamente. Los presidentes no tuvieron más remedio que gastarse gran cantidad de dinero en hacer revivir la naturaleza. Ya llevamos siete años y no hemos hecho ni la mitad, todo el planeta está trabajando día y noche para que próximas generaciones puedan vivir en un mundo mejor, y estarán concienciados de que deben cuidar la naturaleza como a ellos mismos. La destrucción del medio ambiente es nuestra propia destrucción. Nota: Este es uno de los relatos ganadores del certamen organizado, con el tema La Paz, el curso pasado por la Asociación de Padres de Alumnos del IES Valle de Piélagos de Renedo.
Hace algunos días, un grupo de jóvenes se reunió para contar historias; uno de ellos, el más aventurero, fue el primero en contar su historia. - Cuenta una antigua leyenda que esta estatua tiene una historia nunca creída -empezó a narrar Iván- Hace ya muchos años atrás, dos jóvenes se enamoraron locamente; pero había un impedimento, un brujo tenía hechizado a Alonso y éste no podía enamorarse, pues ocurriría algo de lo que se lamentaría el resto de su vida. Por este motivo sus padres no le dejaban salir de casa. Pero su amor por Lucía era demasiado fuerte, así que se escapó con ella. - Pues vaya historia para una estatua -comentó la joven
Sonia-. - Perdonad que os diga que aún no se ha acabado; si me lo permitís
continúo -dijo Iván-. Se citaron en el parque a las doce de
la noche. -De pronto, el reloj del parque marcó las doce y todos
se asustaron, aunque pronto empezaron a reír-. Una noche Lucía se quedó dormida y Alonso fue secuestrado por el brujo. Por la mañana Lucía estaba muy asustada pues había una nota que decía: Los problemas han llegado y tu amor ha sido sacrificado. Entonces no le quedó otro remedio que volver a casa, lo contó todo y la madre de Alonso pensó que quizás el brujo ya habría cumplido su promesa. Entonces preguntó a la joven que dónde habían quedado, ella respondió y fueron allí y vieron a Alonso convertido en una estatua con una carta a su lado para Lucía. Ella la guardó y nadie se enteró. En ella decía que la quería y que no le importaba haber muerto porque donde estaba era feliz. Pasaron los años y a Lucía aún se la veía por allí a las doce de la noche. Esperaba que algún día se moviese y volvieran a marcharse a vivir otra aventura, pero no sucedió así, y al cabo de los años ella murió. Se dice que aún se la ve por aquí a las doce de la noche. - Todos los jóvenes estaban riéndose cuando una voz les dijo: No os riáis porque mi amor no es un juego. Miraron hacia la estatua y era ella quien les hablaba y les dijo que era verdad y que jamás habría una historia más bonita, de amor, pues aunque fuese corta fue eterna.
El fin de una amistad El día que más lloré coincide con el día en que un trocito de mi corazón desaparece y yo doy un gran cambio. Ocurrió cuando tenía 9 años, con la muerte de mi mejor amiga Julia, que tenía mi misma edad. Yo era alegre, despreocupada, fuerte, provocadora, gritona... pero ella era tímida, débil, seria; cuando se reía no lo conseguía del todo, le asustaba hacerlo o eso parecía, con grandes ojos verdes pero muy tristes; para mí era como una hermana, ya que crecimos juntas. Vivía en el pueblo donde creció mi madre y yo iba todos los fines de semana y en vacaciones. Hacíamos cosas increíbles: hablábamos durante horas, veníamos tardísimo de nuestras salidas y nos castigaban casi siempre; ella todo lo quería hacer y yo sentía como si lo que nos propusiéramos lo pudiéramos hacer. Pero llegó el día en el que la encontré en la cama
enferma por un cáncer del que nadie me había dicho
nada porque ella no quería que lo supiera. Durante un año fui a visitarla. Cada vez me asustaba más y hubo un día en el que me quedé parada delante de su puerta, sin tener valor suficiente para abrirla por muchos motivos, entre ellos porque mi madre me había dicho que cabía la posibilidad de que muriera. Estuve media hora pensando hasta que me fui, no entré, salí corriendo de su casa hasta mi habitación. Pasó un mes y ella preguntaba por mí, mientras yo ponía pretextos a sus padres. Ella había cumplido 9 años, pero un día, justo una semana después de mi cumpleaños, me dijo mi madre que Julia estaba en el hospital porque había empeorado. Fui al hospital para hablar con ella antes de la operación, pero no me dejaron entrar por ser menor. Después de tres horas, mi madre salió por una puerta, se dirigió hacia mi muy seria y pálida, me dio un gran abrazo llorando. Julia había muerto, no pudieron hacer nada por ella y yo no me puede despedir. Me separé de mi madre, di unos pasos atrás y me desmayé llorando. Estuve muchísimo tiempo dormida en una camilla y cuando desperté aún notaba cómo las lágrimas bajaban por mis mejillas. No se atrevió nadie a decirme nada por miedo a mi reacción, aunque me hubiera gustado algo más que abrazos, la verdad. No fui a su entierro, pero cada año voy a ver su tumba, le llevo flores y leo lo que grabé en su lápida. Ahora pienso mucho en ella y creo que la gente no debe olvidarse de lo que nos dejó aquí.
Con un pequeño, Y tenue rayo de luz, Que poco a poco, Te va acariciando la cara, Te despiertas cada mañana. Te das la vuelta, Y a tu izquierda, El cuerpo inmóvil Del que mueve tu vida. Pasas tu mano Por su cadera, Y lentamente le abrazas, Le acaricias, Le besas la espalda. De pronto, una pequeña Silueta negra, Se va acercando a tu cama. Es tu criaturita, La cual engendraste Hace ya nueve años. De que te estás haciendo viejo, Y que debes aprovechar, Todo el tiempo, El cual, el viento, Mueve cada momento. No lo olvidas jamás, Y es más, Lo recuerdas, y lo recuerdas, Y nunca lo olvidarás.
Amar es sentirte cerca cuando aún estás lejos. Amar es quererte, quererte sin decirlo, escuchar una canción y recordarte, mirar el cielo y relajarte, ver el horizonte y esperarte. saber que me deseas desear volverte a ver, sentir que me miras vivir el placer. dedicarte un beso en la noche y el pensamiento al despertar. Amar es extrañarte, cada día más y más, desearte junto a mí quererte como ayer y amarte hasta el final.
pero me niego a preguntar por si no escucho la respuesta adecuada. Hablamos, sonríes, y tus ojos miran mi alma, mientras, tus manos, aprovechan para jugar con ella, descubren todos mis secretos. quien no se atreve a besar mi alma. Por miedo, por inexperiencia, para nunca, así, demostrarme nada. Tus suaves mejillas, comienzan a arrugarse, padecen envidia de mi corazón, por lo que, sin dudar, toman algo de su color. pues antes era él quien podía permitirse jugar con mi alma, pero ahora, en esta partida, nos encontramos los dos. Nos distanciamos lentamente, pero nuestros ojos nos prohiben dejar de verse; comenzamos a hacerles caso, nos acercamos, y pedimos un consejo al dictador llamado pecado. de pronunciar algo, pero él, no permite que se estropee este momento y con fuerza y pasión, sella mis labios. Nuestros brazos quieren expresar de una vez nuestro amor, y no dudan en enredarse por nuestros cuerpos. que detenga todos los relojes; por piedad nos hace caso y nuestro abrazo es observado por mil ojos que no pretenden marcharse, que son desbordados por un río seco de amor, que piden que el tiempo se detenga para ellos o que, de lo contrario, avance.
Ya nada brilla Ni siquiera los luceros se detienen ya a brillar, El fuego no insiste en convertir todo en ceniza, Los niños no tienen ansias por divertirse y jugar, En las mentiras ya no se cruzan los dedos, Las montañas no hechizan con sus alturas, Una carta, hoy día, no emotiva a nadie, El corazón ya no late al son del mismo compás, Unos ojos enrojecidos son símbolo de fragilidad, Cuando las ganas por luchar, la desesperación por vivir,
Aquella tarde silenciosa a las orillas de la mar encontrábame yo en mis pesares mirando su cuerpo sin hablar. me hacían suspirar más la cálida brisa mecía su melena mientras soñaba su cantar. aunque penando ella está pues mientras canto sus ojos lloran sin cesar. Quizá su alma entre triste y solitario porque su amor se va mientras aquí, yo, en un rincón de la nada la observo sin pronunciar
¿Temes la venganza?
¿Te das cuenta? ¿Vas a contestarme? ¿No me comprendes? ¿Estás satisfecho? ¿Temes la venganza?
Eres sincera, sincera como El perfume de las flores, | ||