Nº31. Abril. 2002.

 


 

Trabajos:

Poemas
Aquel maldito día Por Verónica Irizábal
Nada puedo hacer por tí Por Marta Martínez
Océano de dolor Por Noemí Díaz
Sin título Por Noemí Díaz
Recuerdo Por Angela García
Penas Por Marta Martínez
Amor imposible Por Rosa María Pérez
Pinta huellas en mi cuerpo Por Vanessa Calderón


Relatos
Un examen un tanto raro Por César Díaz
Tarde Anónimo
Saliendo del abismo Por Fernando Rivas


 

 

 

 

 

 

Aquel maldito día
Por Verónica Irizábal, alumna de 4ºB de ESO del IES Santa Cruz.


Cómo sufrí al perderte aquella noche,
mi corazón se partió en dos,
no pude despedirme,
ni pude perseguirte,
te fuiste sin decir siquiera adiós.

Nos separan caminos diferentes,
lo que ocurrió por siempre nos alejó,
no volveré a tenerte,
ni volveré a perderte,
con el tuyo se paró mi corazón.

El destino jugó con nuestras vidas,
si se lo propuso, lo consiguió,
el quiso separarnos,
y así lo ideó,
sin mentiras, ni trampas,
sin engaños, ni desamores,
sólo le hizo falta un chico ahogado en sus penas,
que se refugió en el alcohol,
y regresando a su casa,
contra tu coche se estrelló,
quitándote a ti la vida,
robándome a mi el amor.
Rompiendo todos nuestros sueños,
causándome un gran dolor.

¿Podré volver a verte algún día?
Desde hace meses no me pregunto otra cosa,
quizás, si sea verdad que existe el paraíso,
ahora es lo que me gustaría creer,
pensar que volveré a verte,
y a tocar tu suave piel
aunque tendré que resignarme,
y seguir soñando que te encontraré,
en esa vida que hay después.

 

 

 

 


Nada puedo hacer por tí
Por Marta Martínez Álvarez, alumna de 4º B de ESO del IES Santa Cruz.


Me estoy ahogando en un oscuro pozo
que parece no tener fin.
Caigo y caigo al vacío,
y nada puedo hacer por ti.
Cuando miro lo que fuiste y eres ahora,
no puedo menos que sentir,
que ésta es la hora,
de que te vayas de aquí.

Con tus ojos ojerosos,
tus labios morados,
tu cara blanquecina y tu boca efervescente,
parece que unas veces te veo y otras
te disipas entre la gente.

Querido amigo,
que sabes que por ti daría la vida,
recapacita y abandona esto,
que te está produciendo semejante herida,
abandona las drogas,
pues más, mucho más, vale tu vida,
abandona esta zona,
y vuelve a sembrar en otra tu semilla.

 

 

 

Océano de dolor
Por Noemí Díaz Solórzano, alumna de 2º de Bachillerato del IES Santa Cruz de Castañeda.


El suave murmullo de la gente,
esa deleitante cantinela
que te puede adormecer incluso.
Miles de conversaciones,
miles de vidas,
que desconocidas e ignoradas
tampoco importan mucho.

Por tu rostro de nácar
parece resbalar una gota cristalina,
como en la ventana tras una tormenta.

Esa lágrima cayendo
por la faz blanquecina y translúcida,
no resbala sino por tu corazón.
Lágrimas, mares de lágrimas,
volcadas intentando salir,
aprisionadas continuamente
por barreras infranqueables.

Los pequeños espejos
escritos del alma
desean liberar ese mar
no pudiendo sino enjugarse.
Ahogándose de nuevo
en el que por maldito tenemos.

El mar del llanto,
el océano del dolor,
aún en lo inmenso de su nombre,
somos poseedores de su inmensidad,
pudiendo alcanzar
la imperiosa grandeza de todos.

Esos océanos, unas veces
contenidos por una persona,
que pueden ser su cárcel o su salvación.
Otras veces se dejan llevar
por la inmensidad del hombre.

 

 

 

Sin título
Por Noemí Díaz Solórzano, alumna de 2º de Bachillerato del IES Santa Cruz de Castañeda.


Dulces estrellas
en el velo de obscuridad.
Burlonas, desafiantes...
observando lo inalcanzable.
Inalcanzable para mí,
inalcanzable para ellos,
inalcanzable para todos.

Un llanto incomprensible,
extraño, incongruente.
Resbalando ligeramente
por tu rostro, por el mío.
Te arrastras en tus súplicas,
llenas de preguntas.
¿Por qué no alcanzaros puedo?
¿Por qué vuestro mundo
no me es permitido?
¿Por qué el deleite de mi alma
es llegar a besaros?
¡Adiós! Es mi humilde despedida.

Triste en exceso,
odiosa en su espera,
aborrecida en mi alma.
Brillantes y frías
en vuestro anhelante descaro,
no correspondéis
sino con vuestra belleza.

 

 

 

Recuerdo
Por Angela García, alumna de 1ºA de Bachillerato del IES Santa Cruz.


Recuerdo aquella mirada
que a todos nos llenaba.
Recuerdo aquella alegría
que a todos nos invadía.
Recuerdo aquellas noches
en las que no salían los reproches.

Recuerdo aquel amigo
que siempre desafiaba al destino.
Pero esa tarde de nada sirvió,
aquella valentía te la jugó.
Ahora los recuerdos son otros
sólo tenemos corazones rotos.

Recuerdo unas miradas
tristes y desconsoladas
Recuerdo una alegría,
pero no puedo sentirla.
Recuerdo esas noches
ahora llenas de rencores.

Recuerdo aquel amigo,
que me enseñó tantos caminos.

 

 

 


Penas
Por Marta Martínez Alvarez, alumna de 4ºB de ESO del IES Santa Cruz.


Sentimientos que por no tener no tienen ni nombre,
penas que agitan el alma como árboles sus ramas,
amarguras que inundan de sombras,
nuestras noches más plácidas.

Duros recuerdos que marcan intencionalmente el corazón,
inquietantes ideas que hacen sufrir,
grandes nostalgias que dejan sin razón,
y te enloquecen hasta morir.

Penas, penas, son,
angustias, muero yo.

 

 

Amor imposible
Por Rosa María Pérez Abascal, alumna de 3ºC de ESO del IES Santa Cruz.


Ya sé que nos queremos,
pero por nuestros padres
ni siquiera vernos podemos.

Soy tan feliz cuando me miras,
cuando rozas mi cara, mis labios,
y me mimas,
que todo desaparece:
Tiempo, lugar y gente.

Ya ha pasado mucho tiempo.
¿Dónde estás?
No te encuentro.
Si supieras...
¡Cuánto te echo de menos!

Mi corazón, ahora,
es como un árbol sin hojas,
un libro sin páginas
y, sin alas, una mariposa.
Porque tú eres lo esencial,
mi mayor alegría,
y sin ti, en la soledad
yo estaría hundida.

¿Por qué tiene tu amor que irse?
No sé si lo podré superar
y aunque no podamos vernos más ya,
puedes cerciorarte
de que nunca te podré olvidar.

 

 

Pinta huellas en mi cuerpo
Por Vanessa Calderón Gómez, alumna de 2º B de Bachillerato del IES Santa Cruz de Castañeda.

Las palabras que ayer susurrabas,
hoy se las lleva el viento helado y frío
que con la almohada frágil provocamos.
Y las dulces caricias de sus golpes
procuran irritar las pieles tersas
que recubren sin cesar nuestras almas.

La cama es una desgracia acechante,
sus muelles pintan huellas en mi cuerpo,
y la colcha hace esto más llevadero,
con fuerza me apodero de sus plumas,
porque la vida se desprende de mí.

Casi sin fuerza me obliga a levantar,
para mostrarme una cara aplastada
como si de un retrato se tratase.
Con lágrimas de cristal esculpidas,
insiste en que bese un cortante espejo.

Me encuentro sobre un suelo ensangrentado,
el cual, reza para que al fin me vaya,
que lo limpie y no deje ningún rastro.
No tengo agallas para abandonarle
"algún día sé que me tratarás bien",
es lo que mi cabeza me repite,
aunque me arrincona en la misma pared.

Sus manos llevan escrito mi nombre,
mi pelo sólo pretende escaparse,
mis uñas luchan por arañar algo,
y sólo rasgan mi pecho y mi nombre.

Mi paciencia ya ha colmado este vaso,
la venganza ha desbordado mi mente,
la sangre que ahora se vierte no es mía,
así sabrás que te querré por siempre.