Nº15. Enero-Febrero. 2000.

 


 

Trabajos:

Relatos
El Etna Por María Sáez Ladrero
Un Mundo diferente Por Andrea Rodríguez Vélez
Vestiduras Por "Ariand Blay"

Poemas
El Nombre del pecado Por "Ariand Blay",
Si te dijera que sí Por Ethel Acebal
En lo más profundo Por 'Enigma'.
Sentimientos ocultos Por José Fernández Galdós

 


 

Me levanto temprano
Por "Ariand Blay", alumno de 4º de la ESO del IES Augusto González de Linares.

Me levanto temprano, moribundo, no siento el aire que me rodea, el cuarto de casa de mi tía parece tan irreal, tan de porcelana, que me da miedo tentar la oscuridad y romper la oscuridad con mi torpeza.
Así todo me arriesgo y a tientas llego hasta el interruptor que de vida a la luz que me salva de mi locura transitoria. Esta noche he soñado con un desconocido que aporreaba mi puerta y me llamaba, ¿sería la felicidad negra y agobiante que me ofrece hoy el mundo?.

Arrastro mi pereza hasta mi pantalón y extraigo de él un viejo reloj que hace tiempo me regaló mi madre y observo sus doradas agujas que por un momento me parecen estropeadas, las 8:30, llego tarde a clase, no pasa nada, no tengo fuerzas para enfrentarme otra vez a mi rutina absurda y cínica. Me vuelvo a la cama.

Mi tía se despierta y con un sordo grito que se pierde entre las sabanas de mi cama me arrastra de mis pensamientos para hacerme pensar, como todos los días, que tengo que hacerlo por ti (¿por quien sino?), ya que si por mí fuera me quedaba todo el día allí tapado pensando en lo desgraciado que soy y en lo injusto que es el mundo conmigo.

Salgo al pasillo en calzoncillos después de mirar otra vez la hora, son las nueve, y me encuentro otra vez ante esa oscuridad que me llama y asusta continuamente para desgracia de mi alma, me sumerjo en ella y llego a la cocina donde me aguarda el desayuno de todos los días.
Desayuno mientras veo el telediario de la mañana, que cada vez me parece más largo y angustioso, así como cada vez son más tristes sus noticias e imágenes. Mientras, intento coger con los dedos un trozo de galleta que se había caído en la leche, me da por ponerme a pensar en lo que nos pasó ayer, cuando después de ir a buscarte a tu casa y hacer el amor, nos enfadamos como se enfadan todos los enamorados y nos dio por ironizar y abrazarnos, abrazarnos e ironizar, hasta que llegamos a la parada del autobús en donde tú me abrazaste fuertemente intentando, como hace Marta en el libro, meterte en el pecho de Fernando, sólo que yo no soy Fernando y mi pecho no es tan grande como para albergarte entera, después de ese inesperado abrazo me dijiste un te quiero que sonó muy viejo y gastado, como si de tanto decírmelo hubiese perdido su intensidad y significado. Llegó el autobús y te quedaste allí, de pie, mirando como yo subía y me alejaba mirándote con "ojos de carnero degollado" como siempre lo hago cuando no quiero llorar...

 



El Etna
Por María Sáez Ladrero, alumna de 2º Bach. Ciencias Sociales del IES José Zapatero de Castro Urdiales.

Hace muchos años, siendo yo aún un niño, alguien me contó una historia que yo tomé como cierta. Ahora, para seguir la tradición, yo te la narraré a ti, para que cuando tú seas un anciano, se la cuentes a tus nietos. Así, esta historia nunca se perderá y las generaciones futuras podrán llegar a conocerla gracias a que tú se la trasmitiste a alguien:

En una época muy lejana en la isla de Sicilia, vivían dos hermanas, llamadas Etía y Nasia.
Ambas poseían una belleza espectacular, por lo que todos los caballeros de la isla intentaban conquistarlas. Pero ellas les ignoraban porque un día, visitando a una hechicera, ésta les reveló una premonición:
-"En poco tiempo un apuesto caballero que llegará a la isla se enamorará de una de vosotras. Quien sea la elegida deberá morir a manos de su hermana siendo empujada a una enorme fosa, con el fin de que su alma consiga subir al cielo. Por esto, alcanzará la vida eterna y será admirada por las gentes de todos los lugares del mundo, ya que se convertirá en la estrella más brillante del universo, que con su hermosa luz guiará a quienes se encuentren perdidos en la noche, consiguiendo así salvar muchas vidas. Pero cuidado, en caso de no hacer lo que os he dicho, una enorme maldición recaerá sobre Sicilia que, en poco tiempo, se extenderá a todo el planeta, provocando que seáis recordadas con odio para siempre. Además, vosotras dos quedaréis atrapadas en las entrañas de la Tierra por donde vagaréis como almas en pena hasta el fin de los tiempos."-

Etía y Nasia pasaban el tiempo esperando, hasta que un día un caballero llegó a la ciudad. Las dos sabían ya que ese era el hombre que decidiría sobre su futuro.
Una espléndida tarde soleada las hermanas salieron a pasear en busca de algunos frutos y a mitad de camino se encontraron con el caballero que se les presentó:

-"Me llamo Velcan Rálun, y he venido a la ciudad en busca de una esposa, ya que he oído que las mujeres sicilianas poseen una enorme belleza, cosa que al veros a vosotras, ahora creo y afirmo. ¿Me permitís que os acompañe en vuestro paseo?-.

Las dos hermanas asintieron con la cabeza y juntos los tres continuaron el camino. Durante ese y otros muchos días Velcan fue a visitarlas. En su compañía pasaron muchas horas de charlas y risas. Ambas estaban enamoradas de él, pero Velcan ya había puesto sus ojos en Etía.
Un día en que los dos se encontraban a solas Velcan se declaró y le pidió a su amada que se casará con él. Ella, contenta y angustiada a la vez, decidió ir a decírselo a su hermana antes de contestar a la pregunta.
Nasia, que en su interior sentía alegría porque sabía que su hermana iba a morir y ella se iba a quedar al lado de Velcan, fingió tristeza porque la muerte de su hermana estaba muy cerca.

Al anochecer de ese mismo día, ambas partieron hacia el profundo pozo en el que Etía iba a morir. Al llegar al borde, una ráfaga de locura invadió su cuerpo y Etía, sin mediar palabra, arrojó a Nasia al fondo del agujero, quien, naturalmente, murió. Sin ni siquiera sentir remordimientos, Etía partió corriendo a encontrarse con su amado para decirle que aceptaba su propuesta de matrimonio.
Los preparativos de la boda comenzaron con rapidez, y pocos días después ya estaba todo listo para que se celebrara el enlace. Cuando Velcan y Etía estaban a punto de pronunciar el "sí quiero", el cuerpo del novio comenzó a sufrir una metamorfosis hasta transformarse en la hechicera que un tiempo atrás había aconsejado a las hermanas. Ésta, muy enfurecida, agarró a Etía por el brazo y la arrastró hasta el lugar del crimen.
Durante el camino la hechicera no cesaba de repetir:
-"Por tu egoísmo muchas personas inocentes morirán"-, mientras Etía lloraba y pedía clemencia.
Al llegar al borde del pozo la hechicera dijo:
-"Nunca recibirás ni mi perdón, ni el de tu hermana"-, mientras la empujaba al interior del agujero.

Unos días después de este suceso, una masa abrasadora de color rojizo comenzó a brotar por las laderas del monte donde se encontraba el pozo en el que murieron las dos hermanas. Esta sustancia abrasaba todo lo que encontraba a su paso: personas, casas, monumentos...

Esto es lo que hoy nosotros conocemos con el nombre de volcán, llamado así en honor a Velcan, el hombre desencadenante de esta terrible historia.
La lava se dice que es la sangre de las hermanas que se pelean cada vez que se encuentran en el interior de la Tierra. Y ese volcán que entró en erupción en Sicilia recibió el nombre de Etna, formado con las dos primeras letras del nombre de las dos hermanas que fueron las causantes de la erupción.
A partir de ese momento, y hasta la actualidad la advertencia que la hechicera hizo a las hermanas se ha cumplido: La maldición de los volcanes, que se han cobrado ya miles de vidas, seguirá existiendo para siempre.

Espero que mi historia te haya gustado y que tu memoria te permita recordarla durante muchos años hasta que tengas algún nieto al que poder contársela para que este a su vez se la cuente a los suyos, porque así todo el mundo podrá conocer la verdadera y oculta historia de los volcanes, en los que aún hoy viven las almas irreconciliables de Etía y Nasia.

 

 

Un Mundo Diferente
Por Andrea Rodríguez Vélez, alumno de 2º Bachiller Ciencias Sociales del IES José Zapatero de Castro Urdiales.

Cuentan los sabios que estando nuestro Dios cierto día en el cielo contemplando su creación suprema, la tierra, llegaron a sus oídos las quejas de algunos de los elementos que la formaban, asegurando que les faltaba libertad. Así, Dios decidió bajar y comprobarlo en persona.

Al llegar, lo primero que encontró fueron las nubes, así que decidió preguntarles a ellas primero:
- Escuchadme, he venido aquí porque han llegado a mí ciertas quejas sobre vuestra libertad, y me gustaría saber si es eso cierto.
- Sí, Señor - contestaron las nubes - nos gustaría tener libertad ya que ahora no gozamos de ella.
- ¿En qué razones basáis vuestra afirmación? - preguntó Dios.
- Bueno, la verdad es que nos gustaría movernos con libertad, ir allá donde nos apetezca y no depender siempre de la voluntad del viento para desplazarnos. El viento es nuestro verdugo. ¡Ay, si pudiéramos ser como las olas, tan libre, tan majestuosas!
Ellas sí que gozan de libertad: pueden pasearse por todo el mundo y además desde ahí ven todo lo que en él sucede, tanto en tierra como en aire y mar. ¡Las olas sí que son dichosas!.

Tras oír estas razones, dios decidió ir a visitar a las olas y comprobar si eran tan dichosas como aseguraban las nubes:
- Oíd, vuestro Dios ha venido para comprobar si sois felices. ¿Qué decís al respecto?
- Verá, Señor - dijeron las olas - la verdad es que no somos demasiado felices.
- ¿Pero cómo es posible? - preguntó Dios - Según he oído no tenéis razones para no serlo.
- Pues le han informado a Usted mal. Nosotras sólo pedimos un poco de libertad ya que en estos momentos somos bastante desdichadas. ¿De qué nos sirve ver tanto mundo si no nos podemos acercar a él? Si queremos sentir el tacto de la arena o de las rocas no podemos tocarlas, porque sabemos que sería nuestro final. Esto es como vivir en una habitación cuyas paredes están adornadas con los más bellos cuadros y tan sólo poder mirarlos, ya que sabes que el día que se te ocurra acercarte morirás. Morirás con sólo rozarlos.
A nosotras nos gustaría ser como el volcán: amigo de la naturaleza pero a la vez respetado por ella. Tiene tanta fuerza que nadie se atrevería a faltarle al respeto porque cuando esto suceda, él reunirá todo su poder y entrando en erupción dará a todos su merecido. Sí, él sí que es dueño de sus actos.

Sorprendido por esta inesperada respuesta, Dios llegó a la conclusión de que tanto las nubes como las olas tenían razón, y de que el volcán era su más suprema creación.
Entonces, se acercó a él y le dijo:
- Volcán, te felicito por ser tan dichoso, ya que estarás de acuerdo conmigo en que eres tú la más perfecta de mis creaciones.
- No lo crea, Señor - dijo el volcán -. No hay nada más perfecto que las nubes. Mi única virtud es mi poder, pero me siento prisionero. Me encuentro encadenado a las entrañas de la tierra y no puedo ver más allá de aquellas montañas. Sin embargo, las nubes lo pueden ver todo desde allí arriba, sin ningún impedimento y con toda la tranquilidad del mundo. ¡Me gustaría tanto ser una nube!.

Después de esto, Dios, más sorprendido aún que antes, comprendió la realidad de la situación y envió a todos sus seres la siguiente enseñanza:

"Nada ni nadie es perfecto y debemos asumirlo. Siempre podríamos haber sido mejores de lo que somos, pero también podríamos haber sido peores. Así pues, hay que conformarse con lo que se es, porque lo que para unos es libertad, para otros es prisión".

 

 

 

El Nombre del pecado
Por "Ariand Blay", alumno de 4º de la ESO del IES Augusto González de Linares.

Debes saber, Dios mío,
Quién es tu hija
Soy yo y sufro, y sufro,
Pero no pido clemencia,
Sino razón,
Razón para poder comprender mi existencia
Que hasta ahora se encuentra vacía.

A lo que Dios respondió:
"Es cierto, eres mi hijo,
pero yo no soy tu Dios,
tu Dios y tu existencia
se encuentran sólo en tu interior,
Contemplo tu alma, y lloro de emoción.
Pues sólo podrás decir:
¡Oh Dios ¡ ¡Qué necio soy!

 

 

 

 

Si te dijera que sí
Por Ethel Acebal , alumna de 1º de Bachillerato del I.E.S. Manuel Gutiérrez Aragón de Viérnoles

Si te dijera que sí,
que todo está bien,
que el mundo es bueno...
Conformidad,
admiración,
callar, callar y callar,
y mucha precaución.
Si te dijera que acaso
las cosas son así porque sí...
Y ahí están.
¡No le des más vueltas!
Si te dijera que sí,
entonces sería el momento
de hablar seriamente.
De no sufrir más.

 

 

 

En lo más profundo
Por José Fernández Galdós, alumno de 3º E del IES José del Campo de Ampuero.

Sentimientos enterrados en mi corazón
aguardan tu llegada,
la llegada de esa llave a la que
tanto desea, admira y enamora.
Y es que cuando te miro
y te siento
y te rozo, mi mente es fantasía…
Es nube, es aire, un soplo mágico
que me envuelve y desconcierta.
Y fantasía son tus labios, húmedos como el mar,
cálidos como el sol, que rebosan
en las noches de mis más profundos sueños.
Y tu mirada, profunda, intensa, oscura,
como tu rostro.
Y el deseo se hace más fuerte,
la respiración cesa y noto que me elevo.
¿Por qué no te das cuenta
de lo mucho que te deseo?
En las miradas, en las caricias…
mis sentimientos se declaran, pero tu
cuerpo no responde,
apenas se inmuta.
El amor es ciego.
No te olvidaré.

 

 

Sentimientos ocultos
Por José Fernández Galdós, alumno de 3º D del IES José del Campo de Ampuero.

 

Sentimientos guardados en lo más profundo de mí
gritan tu nombre.
Intentan salir y hacerme decir que te quiero,
que estoy enamorado de tí,
pero tú me ignoras.
Soy un amor incomprendido
que daría la vida por tí
y tú seguirías sin saber mi nombre.

Me asusta decirte algo,
me asusta un NO por respuesta,
pero te amo y reflejo en el papel mis sentimientos.
Espero tener algún día el valor de decírtelo
y espero no ser tan cobarde para dejarte marchar,
porque eres lo mejor que me ha pasado
y ni siquiera lo sabes…